¿Qué es el insomnio y qué repercusiones tiene?

El Insomnio es una dificultad mantenida, a pesar de la oportunidad de dormir y en función de la edad, para iniciar o mante­ner el sueño o su calidad que provoca alteraciones funcionales en el niño y/o la familia y supone repercusiones tanto nocturnas como diurnas.

Repercusiones nocturnas:

  • Latencia de sueño (lo que tarda el niño en dormirse): mayor de 30 minutos
  • Vigilia (estar despierto o en vela) intra-sueño: mayor de 60 minutos

Despertares frecuentes:

  • 3 o más despertares por noche a partir del año de edad.
  • 2 o más despertares por noche a partir de los 2 años.
  • 1 o más despertares por noche a partir de los 5 años.

No autonomía para dormir: necesidad de los padres para dormirse.

Repercusiones diurnas:

  • Somnolencia
  • Dificultades en la atención y funciones ejecutivas.
  • Alteraciones conductuales y peor rendimiento escolar.
  • Puede afectar también al sistema cardiovascular inmunológico y metabólico, incluyendo la obesidad y la alteración del crecimiento.

Su diagnóstico clínico se hace en base a unos criterios. Es fundamental una adecuada anamnesis y una exploración física. El uso de agendas de sueño durante al menos 15 días es de gran utilidad.

¿Sabes cuantos niños y adolescentes sufren trastornos del sueño en España?

El sueño y sus trastornos preocupan cada vez más a los padres, lo cual a su vez genera, con más frecuencia, consultas a los pediatras, con repercusiones tanto en la propia esfera del niño (irritabilidad, disminución de la atención y concentración), como en la calidad de vida de los padres y familiares (perturbación del sueño, alteración en la relación padres-niño-familia).

Aproximadamente, el 30% de los niños y adolescentes padecen alguna alteración relacionada con el sueño a lo largo de su desarrollo. El 27% de los niños de 5-12 años presentan resistencia para ir a dormir, el 11% latencia de sueño prolongada, el 6% despertares frecuentes y el 17% dificultades para levantarse por la mañana. En los adolescentes, el 38% considera que tiene mala calidad del sueño y el 23% latencia mayor de 30 min.

Los trastornos del sueño se clasifican en los siguientes grupos, según la Academia Americana del Sueño (Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño):

  1. Insomnio: El insomnio infantil afecta a un 30% de los niños entre los 6 meses y 5 años. En el 5% de los casos se produce por causas médicas y en el 25% restante, es de origen conductual.
  2. Trastornos del movimiento relacionados con el sueño: Los movimientos periódicos de las extremidades (MPE) presenta una prevalencia del 1,28%. En cuanto a los movimientos rítmicos, en la mayoría de los casos se inician antes del año de edad y son muy frecuentes hasta los nueves meses (59%). El síndrome de piernas inquietas (SPI) tiene una prevalencia estimada del 1,9% en niños de 8 a 11 años de edad y de un 2% en adolescentes de 12 a 17 años. El SPI es tan frecuente como los trastornos epilépticos (2%) y es mucho más habitual entre los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
  3. Trastornos del ritmo circadiano: En población pediátrica el cuadro más habitual es el síndrome de retraso de fase (SRF). El paciente tiende a dormirse y despertarse más tarde. Se da mayormente en población de adolescentes y adultos jóvenes (7%-16%).
  4. Trastornos respiratorios relacionados con el sueño: Estos trastornos incluyen: Ronquido habitual, presente en el 7,45% de la población infantil; Apnea obstructiva del sueño, la prevalencia entre niños de 4-5 años de estima entre el 0,7% y el 3% con un pico de incidencia entre los 2-6 años.
  5. Parasomnias: El Sonambulismo es probablemente el trastorno de sueño mas frecuente en la infancia, con una prevalencia del 15% en edades comprendidas entre los 3 y los 15 años. El terror del sueño o terror nocturno es un trastorno menos frecuente que el sonambulismo, su prevalencia se estima entre un 1% y un 5% en niños de edad escolar, el 50% de los casos suelen desaparecer a los 8 años de edad. Las pesadillas son diagnosticadas entre el 10% y el 50% de los niños de 3 a 5 años, son especialmente prevalentes entre el sexo femenino.

Se estima que en el año 2006 la población española menor de 30 años de edad soportó una carga de enfermedad por trastornos no orgánicos del sueño equivalente a 9.278 años de vida perdidos (322 años en los menores de 15 años).

¿Es Insomnio de Inicio o Insomnio de Mantenimiento?

El insomnio de Inicio (o Conciliación) es aquel que se refiere a la dificultad de dormirse al irse a la cama. Latencia del sueño, o sea lo que tardamos en dormirnos, por encima de 30 minutos y de forma rutinaria significaría que tenemos un insomnio de Inicio. Para lo que es recomendable usar Melatonina en complemento alimenticio administrado entre media hora y una hora antes de acostarse siguiendo previamente unas buenas pautas de higiene del sueño.

El insomnio de Mantenimiento se refiere a la dificultad de mantener un sueño duradero y reparador sin despertares nocturnos.

Despertares frecuentes:

  • 3 o más despertares por noche a partir del año de edad.
  • 2 o más despertares por noche a partir de los 2 años.
  • 1 o más despertares por noche a partir de los 5 años.

Si se dan de forma mantenida en el tiempo nos indicaría que padecemos de un insomnio de Mantenimiento y recomendaríamos el uso de Melatonina en conjunción con Triptófano.

¿Cómo se si mi hijo/a tiene insomnio?

Para saber si nuestro hijo/a tiene insomnio se pueden hacer varias pruebas bien sencillas.

  1. Realizar una agenda de sueño durante al menos 15 días. Os adjuntamos una, clica aquí.
  2. Realizar el cuestionario de abajo y analizar las respuestas que obtenemos
  3. Y si confirmamos la sospecha, SIEMPRE acudir al pediatra y/o especialista del sueño de tu zona.

Cuestionario

Criterios diagnósticos de insomnio

1.- Si observamos uno o más de los siguientes síntomas en nuestro hijo:

    1. Dificultad para iniciar el sueño.
    2. Dificultad para mantener el sueño.
    3. Despertar antes de un descanso completo.
    4. Resistencia para irse a la cama a un horario apropiado.
    5. Dificultad para dormir sin la intervención de los padres/cuidador.

2.- Si observamos uno o más de los siguientes relacionados con la dificultad para dormir durante la noche:

    1. Fatiga/malestar.
    2. Alteración de la atención, concentración o memoria.
    3. Alteración del rendimiento social, familiar, laboral o académico.
    4. Alteración del humor/irritabilidad.
    5. Somnolencia diurna.
    6. Problemas de conducta (por ejemplo, hiperactividad, impulsividad, agresividad).
    7. Disminución de la motivación, energía, iniciativa.
    8. Predisposición para errores/accidentes.
    9. Preocupación o insatisfacción con el sueño.

3.- Las quejas de sueño/vigilia no pueden explicarse simplemente por una inadecuada oportunidad para dormir (es decir, asignación de tiempo suficiente para dormir) o circunstancias inadecuadas (es decir, el entorno es seguro, tranquilo y cómodo) para dormir.

 

4.- La alteración del sueño y los síntomas diurnos asociados se producen al menos 3 veces por semana.

 

5.- La alteración del sueño y los síntomas diurnos asociados han estado presentes durante al menos 3 meses

 

6.- La dificultad del sueño/vigilia no se explica mejor por otro trastorno de sueño.

¿Se puede aprender a dormir bien?

Aprender a dormir por muy fácil que nos parezca a los adultos, es un arte que hay que entrenar desde recién nacidos y si el niño no padece ningún trastorno especial detectado por un médico, a través de la repetición constante de rituales nuestros pequeños lo interiorizarán y lo asociarán a emociones positivas.

Regla de los 3 pasos:

(Ref 1)

1. Introducción de un ritmo vigilia-sueño regular:

Con 1 mes de edad, la relación con el sueño suele ser óptima; los bebés duermen todo el tiempo, hasta 20 horas al día pero lo hacen de manera irregular así que el aprendizaje importante en esta etapa es distinguir el día de la noche. Esto les permitirá empezar gradualmente a dormir más seguido por la noche, y menos por el día. Para conseguir esto, es importante mantener el cuarto con luz muy baja por la noche, no entretener al bebé más allá que con caricias, sin hablar ni cantar e incluso evitando el contacto visual. El bebé no se sentirá solo porque ya sólo con el tacto y el olor, tendrá todo el amor que necesita en ese momento.

 

Durante el día, el bebé debería dormir en un cuarto con luz natural, sin que tengamos especial cuidado con mantener el silencio a su alrededor (se puede ver la tele, encender la lavadora, hablar en tono de voz normal).

 

Otra manera de reforzar la diferenciación día y noche es llevar a tu hijo/a a pasear durante el día ya que según los estudios, los niños de pocas semanas que dominan el arte de dormir suelen recibir el doble de luz entre las 12 y las 16 que los niños que duermen mal, gracias al hecho que la exposición a la luz ayuda a regular la hormona del sueño, la Melatonina, que a su vez regula el ritmo circadiano.

 

En cuanto a cómo dormir al pequeñito/a, seguir con cariño todo lo que funciona desde el inicio de los tiempos: mecer, cantar, arropar, palmaditas delicadas en el culete, contacto piel con piel sin miedo a “malcriarle”; con esta edad es imposible. Eso sí, es importante intentar mantener los estímulos cuanto más básicos posible para no correr el riesgo de crear unos hábitos difíciles de quitar más tarde ya que las costumbres en los niños suelen permanecer, sobre todo a partir de los 3 meses.

2. Ayudar al niño a aprender a dormir solo:

Con 1 mes y medio de edad se puede empezar a enseñar a nuestro bebé que no pasa nada si no se duerme en los brazos de papá y mamá y que puede instaurar una buena relación con su cuna. El objetivo final es poder acostar a nuestro bebé estando despierto de manera que aprenda sin miedo a volver a dormirse solo, si durante la noche se desvela. Cuando el bebé aprenda a relajarse solo, habrá construido los cimientos para dormir toda la noche seguida y lograr un sueño reparador para si mismo y para toda la familia.

 

La técnica de entrenamiento consiste como siempre en gradualmente enseñar el nuevo arte. Después de asegurarse de que el bebé esté bañado y haya comido recientemente, adoptar la técnica para dormirle que mejor haya funcionado hasta ese momento pero esta vez, acomodándole en la cuna cuando no esté del todo dormido/a y quedarse a su lado unos minutos hasta que se relaje. Si durante un tiempo se remueve y se queja un poco, intervenir con estímulos delicados sin cogerle en brazos. Y si no funciona en este primer intento, cogerle en brazos y volver a aplicar el mismo proceso desde cero. No perdáis la fe; aprender a dormirse solo es una habilidad complicada y se necesita tiempo y paciencia pero todo el esfuerzo invertido ahora, tendrá un retorno muy valioso más tarde, cuando nuestro niño/a tendrá una relación ideal con el sueño.

3. Ajustar las horas de inicio y final de sueño a las necesidades individuales:

A partir de los 2 meses se puede empezar a introducir poco a poco unos rituales (siempre y cuando el bebé no padezca cólicos fuertes que lo incomoden) para enseñar a los pequeños a reconocer los indicios de la hora de dormir.

  • Identificar la hora en la que el bebé sabe que ha empezado la noche. Normalmente con esta edad se puede empezar a intuir un momento en que el bebé, después de quedarse saciado de leche, se “prepara” para la noche y duerme más horas del tirón que todo el resto del día. Si esto pasa 3 noches seguidas más o menos siempre a la misma hora, ésta es su “hora de acostarse” que puede ser a las 19 como a las 23… no hay que forzarlo.
  • Media hora antes de esa “hora de acostarse” se puede introducir el baño para que nuestro bebé se vaya relajando y preparando para dormir. Pero no es obligatorio.
  • Después de la toma, llevarlo a su cuna con luces bajas y ayudarlo a que se duerma con los métodos habituales mencionados antes. Después de unos días así y siendo consistentes, debería reconocer que ha empezado la noche y que es hora de dormir más tiempo.
  • Aunque parezca contrario a la lógica, no sirve tener al niño/a despierto durante el día, pensando que va a dormir más por la noche. Es más, el riesgo es que duerma incluso peor. Igual que los adultos cuando nos acostamos exhaustos tenemos un sueño agitado, lo mismo pasa a nuestros pequeños. Hay que mantener una consistencia en el sueño de día para que el de la noche sea pacífico. Como mucho se puede intentar que el bebé no duerma más de tres o cuatro horas seguidas durante el día pero en general hay que seguir sus preferencias, sin forzar nada y asegurarle un constante descanso diurno.

A partir de ahora hay que seguir con lo anterior e ir asociando cada vez más la hora de dormir con cosas positivas que puede ser momento mamá, momento papá, momento libro, llevamos los juguetes a dormir, poner siempre la misma música de fondo y nunca usar lo de ir a dormir como un castigo.

 

Dependiendo del niño/a, a veces también es mejor no hablar de cosas excitantes que pasarán al día siguiente: primer día de cole, visita de familiares, cumpleaños … para que sus pensamientos no se aceleren.

 

Si vuestro hijo/a pide que se quede alguien hasta que se duerma, es importante acceder, pero gradualmente ir construyendo su independencia. Si por ejemplo, la primera vez se duerme en brazos mientras le cantamos una canción, la segunda hacemos lo mismo pero sin cantar, la tercera lo acomodamos en la cama medio dormido, la cuarta un poco menos dormido, la quinta despierto pero nos quedamos allí hablándole en bajito, la sexta nos quedamos unos pasos más alejados y la séptima nos ve pero estamos ya fuera de la habitación … cada familia puede construir el proceso que mejor encaje pero lo importante es ir poco a poco reduciéndolo.

 

A partir de los 2 años es importante mantenerse consistentes ya que con esta edad empiezan a testar los límites y con unas pocas veces que cedamos a sus ruegos de no irse a dormir, o de ir más tarde …. acaban ganando ellos! 😊

 

Si queremos hacer una excepción, lo cual de vez en cuando es muy recomendable, lo tenemos que decir claramente, que es sólo por hoy por ser una ocasión especial por ejemplo Navidades, o visitas de amigos/familiares, etc.

También te puede interesar:

Ref 2: Your Baby Week by Week, Simone Cave and Dr Caroline Fertleman

¿Cómo mejora el Triptófano mi estado de ánimo?

Muchos son los artículos clínicos donde se evidencia que el triptófano juega un papel muy importante en todos los procesos de ansiedad o de depresión. Es el precursor de la serotonina, neurotransmisor que regula el estado afectivo y el ánimo de las personas.

La serotonina a su vez es la precursora de la Melatonina , que es la molécula que regula nuestro ciclo de sueño-vigilia. Por lo tanto, tenemos que obtener unos niveles adecuados de Triptófano en nuestro cuerpo para conseguir un sueño reparador y mantenernos con buen ánimo.

El Triptófano es un aminoácido esencial que no lo producimos y por lo tanto lo debemos ingerir en cantidades adecuadas con los alimentos. Pero el tipo de vida que llevamos y la ingesta de alimentos procesados no nos ayuda a mantener los niveles adecuados de nutrientes (triptófano entre ellos). Y esto hace que cada día más nos veamos más en la necesidad de suplementarnos con vitaminas, minerales… o como en este caso de aminoácidos.

Hay que buscar la manera de mantener una dieta adecuada, rica en:

  • Lácteos (leche, queso, yogurt, requesón).
  • Huevos.
  • Cereales (arroz, soja, trigo, cebada).
  • Pescado (bacalao, gambas).
  • Carnes (vacuno, pollo, pavo).
  • Legumbres y hortalizas (judías, lentejas, garbanzos, lechuga, tomates).
  • Frutos secos (almendras, nueces, cacahuetes, dátiles).
  • Plátanos.
  • Chocolate.
¿Conoces las propiedades y beneficios de la Melatonina?

La Melatonina es una sustancia natural producida por la glándula pineal (en el cerebro) presente en todas las formas de vida desde hace millones de años. Esto nos demuestra su gran importancia para la vida.

Tiene múltiples funciones (regulador del sueño, neuro-protector, ansiolítico…) y sólo actúa cuando se necesita. Es intermediario en muchos procesos metabólicos de nuestro organismo. Su función más conocida es la que ejerce sobre el sueño, sobre el ciclo de sueño-vigilia. Y es el tratamiento de primera línea de selección de los especialistas para los trastornos del sueño tanto en pediatría como en edad adulta.

Si no somos capaces de dormirnos, podemos suplementarnos con melatonina entre media hora y una hora antes de acostarnos. Habiendo reducido nuestra exposición a luz blanca, y reducido el uso de tecnología en las horas previas a acostarnos, habremos hecho lo que se llama una higiene del sueño correcta.

Otra función de la melatonina, es su capacidad de combatir el envejecimiento por sus propiedades anti oxidantes.

La melatonina y la luz no “son buenas amigas. Por lo que te recomendamos, si estás tomando melatonina, que la conserves alejada de la luz y del calor, para mantener sus funciones activas durante toda la vida del producto.

¿Cómo duermen los niños con Trastorno del espectro autista (TEA)?

La prevalencia estimada de problemas en el sueño en TEA, se encuentra situada alrededor del 60%, principalmente insomnio.

En el TEA, la aparición de trastornos del sueño se debe a una interacción múltiple y compleja entre distintos factores. Los trastornos del sueño en los niños con TEA suponen una dificultad más, añadida a las múltiples dificultades que presentan los pacientes. Produce un notable empeoramiento de la calidad de vida familiar al igual que incremento en la sintomatología autística del niño. Además de la utilización de medidas de higiene del sueño y técnicas conductuales, existe vinculación entre el TEA y la producción de melatonina nocturna deficiente, por lo que el tratamiento con melatonina puede ser útil.

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